Los Finales Felices son historias sin acabar.

Cuando era pequeña creía en los cuentos de hadas y  los príncipes azules. Bueno, y en los rosas, los verdes, los amarillos, etc. Siempre pensé que un día, iría caminando y me encontraría con Él. Con ese “príncipe encantador” que me salvara de la bruja y del dragón.

Pero crecí. Y poco a poco, decepción tras decepción, me di cuenta de que los príncipes no son tan buenos. Ni siquiera existen. Normalmente son un hechicero malvado disfrazado. Dejé de creer en los príncipes, no existen. Pero no dejé de creer en los cuentos de hadas.

Un cuento de hadas no requiere un príncipe para ser perfecto, tan solo necesita una princesa. De hecho, no entiendo por qué los llaman cuentos de hadas, si las hadas hacen más bien poco.

A lo que iba. Un cuento, no tiene por qué ser igual que los de Disney, y acabar con un “…y vivieron felices y comieron perdices.” Y menos, si no te gustan las perdices. Cada uno debe escribir su propio cuento. Puedes querer al príncipe, al escudero o incluso al dragón o a la bruja, que no tienen que ser los malos sólo porque lo diga todo el mundo.

Alguien que aprecio mucho, me dijo una vez que cada persona está destinada a una gran historia de amor, pero que jamás olvidase que no hay que descartar todas las opciones. Cada uno elige como vivir, pero al final, el destino nos guía y nos ayuda a decidir qué camino queremos seguir: si el del “final feliz” o el de los errores que ayudan a aprender.

Solo recuerda: los finales felices son historias sin acabar.

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