#StopBullying

Érase una vez una chica que soñaba con ser princesa. La chica soñaba con vestidos enormes, bailes llenos de gente y un príncipe que le invitase a bailar, le diera un beso mágico y se casase con ella. Pero eran sueños. 

Cuando se despertaba, la chica se vestía con unos vaqueros, cogía sus cosas y se iba a clase. Cuando llegaba, les daba un rápido vistazo a las chicas "populares": todas llevaban ropa preciosa y bien conjuntada. Ella, sin embargo, vaqueros y una sudadera con deportivas. 

Cuando entraba en clase, se sentaba al final y observaba al resto. Nunca a la inversa, nadie la veía a ella. Pasaba las horas mirando por la ventana y observando a los demás. De ven en cuando dibujaba o soñaba despierta.

Un día un chico se acercó a ella. Se hizo su amigo, llegó a ser su novio. La quería, o eso pensaba ella. Iban al parque. al cine, pasaban juntos todo el día... Hasta que ella, cautivada por sus acciones y palabras, le entregó su tesoro más preciado.

Después, él la dejó. Los demás chicos y chicas empezaron a mirarla cuando pasaba, la insultaban, se reían de ella y no sabía porqué. 

Semanas más tarde, le llegó un enlace de un vídeo. Ella, pensando que sería uno de esos vídeos de gatitos lo abrió, pero la realidad era otra. En el vídeo se vio a si misma, desnudándose, dejándose tocar por aquel chico. Cerró el vídeo y lanzó el móvil lejos.

La chica dejó de ir a clase, pero los insultos le seguían llegando. El vídeo pasaba de una persona a otra sin parar hasta hacerse viral. Sus padres, ajenos a ese hecho, se preocupaban por su hija. Apenas salía de su habitación, y cuando lo hacía, no hablaba, no se reía, no dejaba de mirar al suelo. Le regalaron un vestido de princesa con el que soñaba desde que lo vio, pero tampoco eso mejoró su ánimo. Hasta que un día se encerró en su habitación y no salió más.

Cuando entraron en la habitación al día siguiente, preocupados, se les cayó el mundo encima. Su hija, con el vestido que le habían regalado, estaba tumbada en la cama, con un papel en la mano y un bote de tranquilizantes al lado.

Mientras el padre llamaba a una ambulancia, la madre se acercó a su hija y comenzó a acariciarle el pelo, llorando, pidiendo que se despertara. Cuando llegaron los médicos, se la llevaron.

La madre se dio cuenta de que el papel estaba en el suelo. Se agachó, y llorando, intentó leerlo.

<< Mamá, papá, siento mucho que estéis leyendo esto, pero no puedo más.
 Me acosté con un chico al que creía perfecto. Me decía que me quería, me trataba como una princesa y le amaba. Me mintió, me engañó y me grabó. Se lo pasó a sus amigos y empezaron a insultarme todos los chicos del instituto. También las chicas. Odiaba cuando era invisible, pero odié más que todos supieran quien era. Mamá, papá, no os culpéis por no haberlo sabido, pensé que podría sola con esto y no quería preocuparos. Lo siento muchísimo. Se que lo estaréis pasando mal, pero no es culpa vuestra y me odio por haceros esto. Os quiero, pero no puedo seguir viviendo rodeada por toda esa mierda. Lo siento tanto. Adiós.>>

El funeral fue precioso. Un ataúd negro, lirios blancos y una bonita ceremonia. Toda la clase de la chica asistió. Se sentían culpables y creían que así mitigarían el sentimiento. No pasó.

Con el tiempo, se olvidaron de esta chica, pero no dejaron de acosar a otros adolescentes. Cada vez son más y más los chicos y chicas que sufren acoso en las aulas y fuera de ellas y que no lo dicen porque las consecuencias pueden ser peores.

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